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Barquitos de papel

Jun 21, 2016

En junio del año pasado, alrededor de esta fecha, acabábamos de lanzar nuestro blog. Luego viajamos a Cuba juntos, como soñábamos hacerlo desde hacía años, buscando fortalecer nuestro puente de amistad al embarcar en este proyecto de puentes literarios y artísticos desde y hacia Cuba. Estamos muy honrados por el cálido apoyo que hemos recibido en nuestro blog durante todo el pasado año. ¡Gracias a todos nuestros lectores y escritores! A medida que avanzamos, con esperanza y optimismo, por otro año de construcción de puentes, estamos encantados de presentar un ensayo de búsqueda profunda escrito por la reconocida politóloga María de los Ángeles Torres, quien sus muchos amigos conocen simplemente como Nenita. Repasando el debate emocional que sobrevino mientras Fathom se preparaba a lanzar el primer crucero a Cuba desde Miami, Nenita extrae importantes lecciones morales y prácticas a tener en cuenta a medida que los puentes dejan de ser sueños románticos y se anclan en la compleja realidad de la negociación política. Esperamos que encuentren este escrito tan convincente como nosotros. Déjennos saber lo que piensan ¡y añadan sus voces al debate!
Abrazos,
Ruth y Richard


por María de los Ángeles Torres

Barquito de papel,
mi amigo fiel,
llévame a navegar,
por el ancho mar.

Quiero conocer,
a niños de aquí y de allá,
y a todos llevar
mi flor de amistad.

¡Abajo la guerra!
¡Arriba la paz!
Los niños queremos
reír y cantar.

⏤Enriqueta Almanza

Arte cortesía de Sandra Ramos
Arte cortesía de Sandra Ramos

Desde 1975, he estado involucrada, de una u otra manera, en intentar de mejorar las relaciones entre mis dos países. Estas aguas no han sido fáciles de navegar. Sentí el viaje de Obama a Cuba este pasado marzo como la culminación de mis cuarenta años de trayectoria para crear mejores relaciones entre el país que me vio nacer y en el que vivo actualmente. En su emocionante discurso dado en el Gran Teatro de La Habana, Obama se enfocó en las relaciones entre EUA y Cuba, y también reconoció la complicada relación que nosotros, los cubanoamericanos, tenemos con la Isla y por qué nuestras contribuciones han sido de vital importancia para el futuro de Estados Unidos y de Cuba. Pensé que nuestros “barquitos de papel”, repletos de esperanzas y de acercamiento, habían al fin tocado tierra.

La primera señal de la nueva era fue permitir que Fathom, una división educacional de Carnival Cruises, compañía con sede en Miami, navegara a Cuba. Desafortunadamente, esto no reflejó la matizada perspectiva transnacional de Obama, como tampoco, de hecho, su compromiso con los derechos civiles.

Supe primeramente de estos cruceros por Orbert Davis, el amable trompetista, compositor y director de la Chicago Jazz Philharmonic Orchestra. Lo habían invitado a tocar a bordo de uno de los primeros cruceros Fathom que zarparía para Cuba en mayo. Orbert pidió traer a bordo consigo algunos de los estudiantes de música de Cuba que habían pasado el otoño en Chicago para que se unieran a la orquesta al zarpar de La Habana hacia Cienfuegos y Santiago. No obstante, a Orbert le negaron el permiso debido a algún recóndito reglamento cubano que no permitía a los cubanos viajar por bote ni barco en aguas nacionales. Se nos pusieron los pelos de punta ante las absurdidades que literalmente había que navegar a fin de poder establecer intercambios culturales con Cuba.

Tengo que confesar que yo nunca antes había querido ir en un crucero, pero en este habría música que adoro. El jazz ha sido un puente no solo hacia los Estados Unidos, sino también hacia mi pasado en la Isla. A mi madre y padre les encantaba el jazz; mi madre fue a los conciertos de Nat King Cole en La Habana y “My Foolish Heart” fue la primera canción que bailaron juntos. Pensé que el crucero sería una manera de unir mis vidas de Chicago y de La Habana a través de la música, y en particular, a través del jazz. No obstante, cuando intenté hacer mi reservación, se me informó que el arcaico reglamento se aplicaba igualmente a los cubanoamericanos. Recibí un mensaje electrónico que decía:

“Gracias por comunicarse con Fathom! En estos momentos los reglamentos cubanos impiden que individuos nacidos en Cuba viajen a Cuba en bote o en barco. Debido a este reglamento cubano, actualmente no aceptamos reservaciones de individuos nacidos en Cuba.”

Empecé a hacer llamadas, primero a amigos en la Casa Blanca, que no tenían ni idea que esta medida estaba incluida en el acuerdo que ellos habían aprobado y ayudado a negociar, reclamando que sería vergonzoso, si así fuera. Llamé a otros cubanoamericanos, a representantes de Carnival, e inclusive a sus abogados, quienes me reiteraron que no me podían vender un pasaje porque yo había nacido en Cuba. La isla de Cuba tenía un reglamento que prohibía que los viajeros nacidos en Cuba, independientemente de la ciudadanía que ostentaran, navegaran por aguas cubanas sin un permiso de navegación.

Me he dedicado años a estudiar las políticas migratorias de Cuba, pero esto me tenía estupefacta. Mi primer objetivo fue entender a fondo qué era este “permiso de navegación”. Busqué por Internet y me enteré que era una práctica de hace siglos que se originó durante los tiempos de la colonia española a manera de controlar la navegación en las Américas. Un sitio web me llevó a Ebay, donde se puede comprar un antiguo “permiso de navegación” de 1827 por la suma de 490 euros. No sé cuánto costaría en aquella época, pero me imagino que para el gobierno español era una manera de hacer dinero. Puedo especular también que había quienes se preocupaban de que barcos no autorizados navegaran por aguas cubanas; después de todo, los piratas eran una amenaza a los intereses de la colonia. El dinero y las preocupaciones por la seguridad tienen una manera de codificarse en reglamentos que se obstinan en perdurar más allá de su propósito original.

Hasta donde pude investigar, el “permiso de navegación” lo introdujeron originalmente en Cuba los españoles y más tarde fue codificado en ley por orden de Estados Unidos. Paradójicamente, a principios de la década de 1960, el gobierno revolucionario usó esta orden de Estados Unidos para castigar a las embarcaciones que entraran a las aguas territoriales cubanas sin autorización, por temor de que trajeran a invasores anti-castristas. Más recientemente, aquellos que se van de la Isla han sido el blanco de este reglamento. Durante la década de 1990 ganó terreno como mecanismo represivo cuando miles de personas se fueron de la Isla en cualquier cosa que flotara. El grupo que trató de irse en el remolcador 13 de Marzo fue perseguido por guardacostas cubanos y estos lo detuvieron hundiéndolo con potentes cañones navales. Cuarenta y un cubanos murieron ahogados.

Más recientemente ha habido un aumento en el número de personas que se van de la Isla—inclusive, algunos le llaman un Mariel silencioso. El “permiso de navegación” se ha convertido en un mecanismo aún más poderoso para el control de la emigración y aquellos capturados en aguas cubanas sin él, enfrentan tres años de prisión. Inadvertidamente, también le ha prohibido a los cubanos estar en vehículos acuáticos de recreación, esquís acuáticos, tablas de windsurf y cruceros. Para los fines de este reglamento, a nosotros se nos consideraba ciudadanos cubanos.

Carnival, en su entusiasmo por ser la primera línea de cruceros en viajar a Cuba en más de cincuenta años, accedió a este reglamento cubano, con lo que trajo a las costas de EUA una disposición que le prohibía a una clase de individuos abordar sus barcos en base a su origen nacional.

Muchos de nosotros vinimos a los Estados Unidos en medio del movimiento por los Derechos Civiles. Aunque el enclave del exilio cubano protegió a muchos contra los efectos de la discriminación, los que nos criamos fuera de Miami tuvimos incontables y crudas experiencias con esta. En Texas, donde me crie, recuerdo que se me negó la entrada a las piscinas para nadar, a los restaurantes y a los baños públicos por ser cubana. Fue así que echó raíces mi activismo político. El apoyo inicial de Carnival por un reglamento que discriminaba en contra de ciudadanos estadounidenses y sus residentes legales nacidos en Cuba no era, de hecho, diferente, ya que su implementación excluía a una clase de personas en base a su origen nacional.

Yo no era la única indignada. Se unieron los esfuerzos de una red de amigos. Fabiola Santiago escribió una columna conmovedora en el Miami Herald haciendo una simple pregunta: ¿Carnival le hubiera prohibido a los afroamericanos viajar en cruceros a Suráfrica si estos su hubiesen ofrecido durante la era del apartheid? Le pregunté a los músicos de jazz de Chicago que iban a ir en el crucero cómo se sentirían hacia personas que participaran en cruceros que excluyeran a afroamericanos? Se lanzó una petición por Internet y se hicieron llamadas a la Casa Blanca. Cubanoamericanos de todos lados del espectro político EU-Cuba condenaron los cruceros Carnival por discriminar en contra de un grupo en base a su origen nacional.

Esto llevó a la presentación de dos demandas. Las mismas terminaron en la sala de la Jueza Marcia Cooke, quien declaró que estaba claro que la política de no vender pasajes a los cubanoamericanos era discriminatoria bajo la ley de Estados Unidos. Los tribunales ya habían establecido que los cruceros son alojamientos públicos y por consiguiente están sujetos a las leyes que protegen los derechos civiles. Cuando llegó el momento de la audiencia, ya Carnival había cambiado su política y había comenzado a vender pasajes a viajeros nacidos en Cuba, declarando que no zarparía hasta que Cuba cambiara sus reglamentos. Subsecuentemente, los oficiales cubanos cambiaron las disposiciones de esta arcana reglamentación.

Aun así, la Jueza Cooke, afroamericana con un agudo sentido de cómo se estructura la discriminación, advirtió que incluso con estos cambios, los ciudadanos nacidos en Cuba parecían tener más obstáculos que vencer a fin de obtener visas para viajar a Cuba, algo que ella comparó a la discriminación racial del pasado. Fue citada en un artículo de Naples News, diciendo: “Estoy equiparando esto a los viejos requisitos de exámenes para votar en el Sur de Estados Unidos.”

La política de acercamiento aumenta nuestras oportunidades de examinar más allá de un simple sí o no la cuestión de involucrarse con Cuba. Como tal, el debate ahora concierne los principios y los marcos legales y éticos dentro de los que se gestionan las relaciones EUA-Cuba. En este caso, el involucrarse nos permitió impugnar un reglamento represivo cubano que violaba las leyes básicas de los derechos civiles al aplicarse dentro del contexto de las leyes de los Estados Unidos. Cuando el gobierno cubano cambió la disposición, lo hizo para todos los cubanos, incluidos los que viven en la Isla.

El involucramiento nos permite arrojar luz sobre las diferentes industrias artesanales que han surgido a la sombra del embargo, tanto en Cuba como en Estados Unidos. Podemos cuestionar las prácticas que surgen en la Isla, las cuales, en el contexto de los Estados Unidos, resultan en prácticas discriminatorias. Al mismo tiempo, también podemos y debemos preguntarnos cómo es que cada empresa de vuelos chárter de EUA que hace negocios con Cuba termina con el mismo precio. ¿Se violan las leyes antimonopolio? ¿Qué hay en cuanto a precios justos para los consumidores? Y debido a que somos ciudadanos de los Estados Unidos, también podemos desafiar a las empresas americanas, inclusive aquellas tan populares y poderosas como Carnival, cuando sus prácticas dan lugar a violaciones de la ley en Estados Unidos.

La ausencia de un involucramiento trascendente y significativo entre Cuba y EUA durante casi sesenta años significa que habrá, inevitablemente, otros momentos de disyunción. Pero yo y muchos otros cubanoamericanos no nos hemos dedicado cuarenta años a crear puentes solo para que se nos excluya a la hora de cruzarlos, o en este caso, para que estos puentes sirvan de punto de cruce a prácticas represivas del gobierno cubano y que estas lleguen a las costas de Estados Unidos. A tal fin, ahora tenemos esta pequeña victoria que garantiza a todos los cubanos que no serán excluidos de la navegación en aguas cubanas. Es por ello que, al reflexionar sobre este nuevo capítulo en las negociaciones Cuba-EUA, no puedo evitar pensar en la canción infantil sobre el barquito de papel, compuesta por Enriqueta Almanza. Todavía tenemos la esperanza de mejorar las relaciones, sabiendo que navegar estas aguas será más complicado pero que puede producir cambios positivos a ambos lados de las aguas que nos separan.

***

María de los Ángeles Torres es la directora ejecutiva del Programa Inter-Universitario de Investigaciones sobre Latinos y profesora de Estudios Latinoamaericanos y Latinos en la Universidad de Illinois en Chicago. Ha escrito extensamente sobre Latinos, identidad política e inmigración y es autora de In the Land of Mirrors: The Politics of Cuban Exiles in the United States y The Lost Apple: Operation Pedro Pan, Cuban Children in the US and the Promise of a Better Future; co-autora de Citizens in the Present: Civically Engaged Youth in the Americas, editor de By Heart/De Memoria: Cuban Women’s Journeys in and Out of Exile and co-editora de Borderless Borders Latinos, Latin American and the Paradoxes of Interdependence and Global Cities and Immigrants, The Case of Chicago and Madrid. Actualmente está preparando un manuscrito, The Elusive Present: Temporalities in Cuban Thought. Forma parte de un equipo que está preparando una colección virtual de cien años del arte latino de Chicago.

Eduardo Aparicio nació en Guanabacoa, Cuba, y reside en Austin, Texas. Es escritor, traductor y fotógrafo.

Sandra Ramos vive y trabaja entre Miami y La Habana. Es una de las artistas contemporaneas más conocidas de la Generación de los noventa. A través de un diálogo visual cautivante, Ramos ha logrado ser conocida internacionalmente por su expresión de su relación personal con las realidades políticas y sociales de Cuba. En su obra usa una gran variedad de materiales y técnicas, como el grabado, la pintura, el video y la instalación. Hace referencia a personajes conocidos de la literatura, historia y el folclore cubano en su arte ; utiliza estos personajes con cuidado para hacer comentarios críticos relacionados con su vida y su obra como artista. Ramos estudió en los prestigiosos colegios, Academia de San Alejandro y el Instituto Superior de Arte (ISA), en La Habana. Su obra ha aparecido en muchas exposiciones durante más de veinte años, entre ellas en ASU Art Museum, Venice Biennial; Havana Biennial; Museo de Bellas Artes, Havana; The Jewish Museum,NY; American University Museum, Washington; MOMA, NY; Bronx Museum, NY; Museo Del Palacio de Bellas Artes, Mexico City; Thyssen-Bornemisza Art Contemporary, Vienna; Sheldon Museum of Art, Nebraska; Lyman Allyn Art Museum, New London; Ringling Museum, Tampa, FL; Fuchu Museum, Tokyo. Su obra aparece en las coleciones de MOMA, NY; The MFA, Boston; The San Diego Museum of Art, CA; PAMM, Perez Art Museum. Miami y Ludwig Forum für Internationale Kunst, Aachen, y en muchas más coleciones por todo el mundo.

One response to “Barquitos de papel”

  1. Eliana Rivero says:

    Wonderful article by Nenita!

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