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Poemas al partir de La Habana

Dec 29, 2015

Estimados lectores: Felices fiestas y nuestros mejores deseos por un Nuevo Año 2016 que les traiga amor y salud y que aporte sentido a la vida. Con las prisas de las fiestas actuales, desistimos de poner una entrada larga en nuestro blog. En su lugar, aquí van dos poemas que esperamos tengan tiempo de leer y compartir. Los poemas se inspiran en nuestras experiencias en Cuba. Más específicamente, reflexionamos sobre los temas de partida y pérdida que siguen repercutiendo sin cesar en muchas vidas de la Diáspora Cubana al igual que en los cubanos de la Isla.
Abrazos, Ruth y Richard

La puesta del sol (Ruth Behar)
La puesta del sol (Ruth Behar)

Me despido de La Habana en mayo

Ruth Behar

Siempre llega ese último día en La Habana.
Cuando quiero fijar la ciudad en mi memoria.
Quiero otro paseo más por el Malecón.
Quiero sentir el mar humedeciéndome los párpados.
Quiero correr detrás de esa niña que camina por el muro
agarrada de la mano de su padre, esa niña que fui, hace tiempo.
Quiero escuchar al músico callejero con su guitarra
cantando la canción de Stevie Wonder, “I Just Called to Say I Love You.”
Y quiero escucharme a mí misma cantando con él, yo que nunca canto.

Siempre llega ese último día en La Habana.
Cuando quiero mecerme en un sillón y oír la lluvia
caer desanimadamente del cielo, como si el mundo se estuviera acabando.
Quiero ver a mi vecina Delia acariciando las papas que tanto agradece,
la tierra colorada de la Isla manchando cariñosamente sus dedos.
Quiero ir a buscar huevos con mi taxista, que también le hacían falta,
él y yo haciendo juntos la cola casi una hora en el Ten Cent de 23 y 10,
cada uno saliendo con treinta huevos, contentos, ya amigos.

Siempre llega ese último día en La Habana.
Cuando quiero perderme en el bullicio de la Calle Obispo.
Una mujer barre la calle empedrada con una escoba, y hasta se pone
una flor en el pelo, presumiendo, para retratarse con los turistas.
Quiero sentir las palpitaciones de mi corazón después de tomar tanto café azucarado.
Quiero comerme un plato entero de plátanos maduros, fritos en mucho aceite.
Y no preocuparme de nada.

Siempre llega ese último día en La Habana.
Cuando quiero llenar mi maleta con las flores anaranjadas de los framboyanes.
Quiero convencerme de que Caro jamás morirá, que seguirá trenzando su bello pelo
en la mañana y lo dejará caer suelto en la noche, ahora y en todos los tiempos.
Lo único que ella quiere es que su hijo, Paco, venga de visita de Miami.
Hace ocho años, mucho tiempo, dile que venga pronto, me dice, pronto.

Siempre llega ese último día en La Habana.
En la Calle 15, donde yo vivía, los hombres están terminando de jugar dominó.
A la vuelta, en la sinagoga del Patronato, nuestra sagrada Torah está segura.
Los judíos no tienen nada que temer en Cuba.
Estévez me ha llamado de Matanzas para desearme un feliz viaje y hacerme reír.
Cristy, que nunca ha volado a ninguna parte, promete rezar el rosario, otra vez,
para que mi avión no falle, y dice, “No te preocupes, Ruti, vas a llegar bien.”

Siempre llega ese último día en La Habana.
Cuando todavía quiero estar allá, pero sé que ya estoy lejos.
Mañana estaré fajada buscando las palabras para explicar lo que siento.
Este es mi último día en La Habana y ya me he ido, aunque me falta decir adiós.

Ángel (Ruth Behar)
Ángel (Ruth Behar)

Última noche en La Habana

Richard Blanco

Meciéndose desde las alturas, las palmas parecen hundirse
con gusto en la tierra azafrán. Todo lo que logro trazar es un mapa
donde los ríos son venas de mármol estáticas,
la costa de la isla retirándose como un dobladillo
ante los parches de sargazo del Caribe.
Pienso en ti, primo, acurrucado anoche
al borde de un contén del Almendares,
una sombra de El Greco que se derrama en la calle
y se esparrama sobre la vía férrea engrapada a la hierba mala
bajo la ventana abierta de tu cuarto.
Envueltos en telarañas de viento húmedo,
dábamos manotazos a inalcanzables mosquitos,
mientras los solares de La Habana se derrumbaban alrededor nuestro,
encerrándonos como el amarillo de los viejos libros
o las paredes de estuco de una capilla solitaria.
Confesaste que vives hundido hasta los tobillos a la orilla
de una revolución, observando un mar que no se abre,
anotando mareas y corrientes
que te llevarán a través del estrecho
hasta mi puerta, cubierto de ampollas y salitre, pero vivo.
Dijiste que quieres silencio, que quieres dejar atrás
la estridencia de los trenes de trabajadores bajo tu ventana,
el chirrido de la silla de ruedas de tu padre en el pasillo
buscando una botella de píldoras que encontrará vacía,
y el golpe de tus párpados forzando el sueño.
Las llantas están listas, atadas con cuerdas de piano,
la vela se completará con los retazos de lino
que tu madre zurcirá después de medianoche
cuando los vecinos estén tratando de conciliar el sueño.
Anoche en La Habana, tu cara contra tus rodillas,
tus palabras ahogándose en las sobras de vino de una botella vacía
joya del mercado negro que te aferrabas al cuello
y que te llevarás para guardar agua fresca.

Tomado de City of a Hundred Fires (University of Pittsburgh Press, 1998)

(traducido por Eduardo Aparicio)

Hombre en un carro azul (Ruth Behar)
Hombre en un carro azul (Ruth Behar)

2 responses to “Poemas al partir de La Habana”

  1. Poetry has the power of awakening reflections we have kept silent, feelings we’d held deep, protecting us from the response they would demand if acknowledge… in your words those thoughts and feelings have found healing expression, now exposed, I can dry a tear and smile. Gracias a ambos y los mejores deseos para un 2106 de salud, creatividad continua, satisfacciones y descubrimientos.
    Con mi amistad, Alma Flor

  2. Kathryn Gaskin says:

    It was extremely powerful to see the goodbyes of people as they were leaving Havana. “There’s always that last day in La Habana. When I want to still be there, but I know I’m already far away. Tomorrow, I will be struggling to find the words to explain how I feel. This is my last day in La Habana and I have left, even before saying goodbye.” I think by saying goodbye to something, a lot more memories are revealed. Poetry also has a way of expressing words in a safe place. I really enjoyed reading the person stories about such a unique place.

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