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Richard Blanco entrevista a Ruth Behar sobre la edición del 20 aniversario de Bridges to Cuba/Puentes a Cuba

Nov 17, 2015

Queridos lectores y amigos:

Hace veinte años, Ruth Behar (mi amiga, colega, mentora, y co-creadora de este blog), editó Bridges to Cuba / Puentes a Cuba, una antología histórica que reunió por primera vez, en inglés, voces cubanas de la segunda generación, tanto en la Isla como en la diáspora. La colección, en múltiples voces y múltiples géneros, incluye textos académicos, textos creativos y obras de arte realizados por escritores y artistas cubanos y cubano-americanos que celebran las redes informales que los cubanos en ambos países han mantenido a través de lazos artísticos, académicos, familiares y otros. En una nota personal, el libro me cambió la vida, inspirándome a empezar a construir mi propio puente emocional mediante la poesía a través del tiempo y la distancia hacia mi patrimonio cultural y mi identidad cubana. Aún considerada una de las obras más importantes sobre el tema, y más actual que nunca, el libro ha sido publicado nuevamente en una edición del 20 aniversario, con un nuevo prólogo. Para celebrar este acontecimiento, presentamos aquí una conversación con Ruth acerca de la antología. También será parte de nuestra conversación en la Feria del Libro de Miami el 21 de noviembre, como parte de un panel sobre este blog, que se inspiró en gran medida en la brillante obra de Ruth, constructora de puentes.

Abrazos,
Richard Blanco

La Habana (Gabriel Frye-Behar)
La Habana (Gabriel Frye-Behar)

Richard: Cuando me detengo a pensar que esta antología se publicó por primera vez hace veinte años me maravillo del valor que hubo que tener para concebir y lanzar un proyecto tal que marcó un hito en aquel entonces. ¿Cuál era el clima político y emocional en aquel momento y cómo esas circunstancias te sirvieron de reto personal o de motivación para inspirarte? ¿Qué recepción tuvo el libro?

Ruth: No estoy tan segura de que haya hecho falta valor para concebir y lanzar Bridges to Cuba / Puentes a Cuba, aunque te agradezco el pensamiento. Mirando hacia atrás, yo diría que me adentré en el proyecto con mucha esperanza y también con mucha inocencia. Algunos podrían decir que pequé de ingenua. Fue a principios de los años 1990. La economía de Cuba tocó fondo tras el colapso de la Unión Soviética. Fue un momento de desesperación, de hambre, de apagones, de incertidumbre, y hubo el inmenso éxodo de balseros que se lanzaron al mar en 1994. El espíritu de la época era de profunda melancolía. Todo un sistema social se estaba desmoronando. Cuba pasaba por la transición hacia una economía y una cultura basadas en el turismo y las remesas de los cubanos en el exterior. Sin embargo, había todavía quien trataba de aferrarse a los ideales revolucionarios deslustrados y a su dignidad. También la gente pasaba a una nueva forma de vida centrada en inventar y resolver, inventando soluciones inusuales a los problemas cotidianos a medida que la red de protección socialista se venía abajo.

Entrando en este contexto surrealista, yo era un manojo de nervios. Deseosa de aprender sobre la vida en Cuba, yo también estaba aterrorizada de las catástrofes que podría experimentar allá. Mis padres me habían llenado de miedos. Pasé por un período en el que me parecía estar volviendo a vivir el trauma de haber salido de Cuba de niña. Me daban desgarradores ataques de pánico y me daba por llorar de repente y sin razón. Pero logré superar mis miedos a medida que fui conociendo a una amplia gama de personas en la Isla, desde mi antigua nana y nuestros viejos vecinos de La Habana hasta escritores, pensadores y artistas de mi generación que no dudaron en hablar y recuperar el tiempo perdido. Yo esperaba ser vista como una gusana en contra de la Revolución, y ser rechazada por mis colegas de la Isla. Y en cambio, había una receptividad hacia aquellos de nosotros que nos habíamos ido y volvíamos en busca de la memoria, en busca de la vida paralela que podría haber sido la nuestra si nos hubiéramos quedado. Me dieron la bienvenida y me dijeron que pertenecía, que yo seguía siendo parte de Cuba.

Ruth en unos de sus primeros viajes a Cuba con una obra de arte de Rolando Estévez (Rolando Estévez)
Ruth en unos de sus primeros viajes a Cuba con una obra de arte de Rolando Estévez (Rolando Estévez)

Eso cambió mi vida. Empecé a ir y venir entre la Isla y Michigan cada pocos meses. Luego supe de otros cubano-americanos que habían pasado por experiencias similares, pero que aún no se habían pronunciado, porque era todavía un momento en Estados Unidos, y sobre todo en Miami, cuando el que viajaba a Cuba no lo pregonaba en voz alta. Se me ocurrió que había que hacer algo para unir esas voces, para formar un puente entre los cubanos de la Isla y los de la diáspora. El término “diáspora” aún no se había utilizado para hablar de los cubanos en el exterior. Nos hacíamos llamar “exiliados” hasta aquel entonces. Pero nos habíamos quedado en Estados Unidos más de lo que habíamos esperado y nos habíamos convertido en una Cuba fuera de Cuba, una nación fuera de la nación, que es lo que la “diáspora” es. La Isla y la diáspora habían sido separadas por la ideología y la política. Pensé que podría lograr la unidad nacional y una visión de la paz con una antología en busca de puentes. Como ya he dicho, ¡yo estaba llena de esperanza y de inocencia!

Hubo unos pocos que me criticaron por ser demasiado romántica, pero en general el libro fue muy bien recibido, tanto en Cuba como en la diáspora cubana. Después muchas personas retomaron el concepto de “puentes” o “bridges”, al hablar de las relaciones entre Cuba y los cubano-americanos y entre Cuba y Estados Unidos. Fue el primer libro en su género, y tuvo impacto. Se convirtió en algo generalmente aceptado, o sea, mainstream, al punto de que no todo el mundo se daba cuenta cuando hacía referencia a él.

Richard: ¿Cómo se comparan estas circunstancias a la actualidad, especialmente teniendo en cuenta la reciente restauración de relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba? ¿En qué sentido sigue teniendo relevancia el libro?

Ruth: Dos décadas después, Cuba tiene ahora una economía turística mucho más amplia, dos mil millones de dólares anuales en remesas, y un sector privado en expansión que está proporcionando nuevas oportunidades para algunos cubanos. Se han aliviado las restricciones de viaje dentro de Cuba y ahora es más fácil para los cubanos pasar tiempo en el extranjero—hasta dos años—sin perder sus hogares ni sus posesiones en la Isla. Pero hay muchos cubanos que sienten que se están quedando atrás y se desesperan. Se están echando al mar, apresurándose a poner pie en suelo estadounidense y solicitar asilo, temerosos de que la vía rápida hacia la ciudadanía estadounidense que se convirtió en el privilegio de los cubanos después de la Revolución pronto desaparezca ahora que los dos países se dedican a renegociar su relación. A medida que evoluciona esta compleja situación, hay también ahora una carrera desenfrenada por parte de los americanos ansiosos de llegar a Cuba “antes de que cambie”. Los estadounidenses que estaban indecisos en cuanto a viajar o no a Cuba ahora sienten que tienen permiso para ir y están acudiendo en masa a la Isla para ver este lugar una vez prohibido y también para explorar opciones de inversión. Sobre el puente a Cuba ya pesa la carga de viajeros que van y vienen, y los que no pueden subirse al puente están tratando de flotar a través del océano, rezando por llegar al otro lado.

Edificio en La Habana (Gabriel Frye-Behar)
Edificio en La Habana (Gabriel Frye-Behar)

¿Que si sigue teniendo relevancia el libro en esta situación actual? Creo que sí, que es muy relevante. Hace veinte años, mi antología ofreció un foro para que la gente pudiera reflexionar sobre el significado de los puentes por medio de poemas que exploran esperanzas y recuerdos comunes compartidos por todos los cubanos, por medio de ensayos de cubano-americanos que escribieron sobre el emotivo viaje de regreso a Cuba, y por medio de historias que buscaban explorar el significado de la identidad cubana, tanto por parte de los que nunca habían regresado a Cuba como por los que nunca se habían ido. Los temas de hace veinte años son de vital importancia hoy. Somos muchos más hoy los que estamos pensando en el puente hacia Cuba y desde Cuba y tratando de encontrar la manera de que este puente sea fuerte y duradero, a fin de que puedan tener lugar conversaciones más profundas, que se puedan forjar intercambios más significativos, y que se puedan cumplir los sueños.

Richard: ¿Cuál fue tu razonamiento al incluir “desde Cuba” en el título de este blog, en lugar de solo “a Cuba”, como en el título de la antología? En última instancia, ¿qué significa para ti el uso proverbial de la palabra “puente” en el contexto de la antología? ¿Qué efecto esperabas que tuviera Bridges to Cuba / Puentes a Cuba hace veinte años, y cómo se compara eso a tus esperanzas de hoy? ¿Qué papel crees que la literatura y las artes pueden jugar en este tipo de construcción de puentes?

Ruth: Cuando tú y yo decidimos crear nuestro blog, me pareció que era el momento de reconocer que ahora el puente va en ambas direcciones—a Cuba y desde Cuba. Hace veinte años, era más difícil para los cubanos de la Isla viajar al extranjero y por tanto el puente iba principalmente en una sola dirección. Fue un momento en que gran número de cubano-americanos, especialmente los académicos, escritores y artistas, comenzaban a regresar a Cuba con regularidad, tratando de normalizar sus relaciones personales con la Isla. Yo quería hacer hincapié en esos viajes de regreso en Bridges to Cuba / Puentes a Cuba, y también legitimarlos, para que el mundo supiera que había cubano-americanos que eran partidarios de establecer un vínculo con su patria que era verdadero, vital, complejo, y con frecuencia ambivalente. Tuve el cuidado de incluir varios colaboradores cubano-americanos que nunca habían regresado a Cuba, y que no querían volver, pero que todavía sentían un vínculo con Cuba y habían creado un puente a través de su escritura y sus estudios académicos. El “puente” funcionó como un símbolo no solo para aquellos que iban de regreso físicamente a recuperar su relación con la Isla, sino también para aquellos de la diáspora que viajaban a la Isla metafóricamente a través de su devoción a la cultura cubana, a su literatura y a su arte, y sobre todo, a través de una convicción fundamental de que no se les podía arrebatar su cubanía, sin importar cuánto tiempo hubiera transcurrido desde que ellos o sus familias se habían ido de la Isla. También hubo, además, el “puente” de la Isla hacia la diáspora, y en los cuentos, poesía y arte, se podía ver que los que se habían quedado nunca habían olvidado a aquellos de nosotros que nos habíamos ido, que todavía estábamos presentes en su imaginación.

Mi esperanza hace veinte años era crear conciencia de cómo estos puentes se entrecruzaban entre cubanos y mostrar que a pesar de las heridas causadas por décadas de antagonismo entre los cubanos de la Isla y de la diáspora, compartíamos una memoria y una cultura comunes. Al mismo tiempo, nunca he tratado de restar importancia a la existencia de diferencias ideológicas reales entre nosotros, cubanos que nos habían separado como pueblo. En muchos sentidos, la Revolución fue una guerra civil, como la Guerra Civil española. Aquellos de nosotros, hijos de la Revolución, habíamos heredado esta división y crecido dentro de ella. Pero una vez adultos, queríamos saber lo que nos unía como pueblo, y Bridges to Cuba / Puentes a Cuba fue sobre esa búsqueda. Yo tenía una profunda fe, para citar a nuestro querido José Martí, de que: Los libros sirven para cerrar las heridas que las armas abren. La literatura y las artes ofrecen espacios para imaginar otros mundos, para decir la verdad a escala humana y demostrar cómo los individuos en particular viven sus vidas y toman decisiones difíciles. Creo que a través de la historia, la metáfora y la imagen, los escritores y los artistas del libro fueron capaces de mirar más allá de las divisiones de la superficie y ofrecer ideas más sutiles y matizadas sobre nuestra cultura como cubanos.

Malecón (Ruth Behar)
Malecón (Ruth Behar)

Richard: ¿Cuáles son algunas de las piezas más impactantes en la antología y / o algunos de los trasfondos más interesantes de algunas de las piezas? ¿Forjaste alguna amistad o relación como resultado de tu trabajo editorial en la antología?

Ruth: Ojalá pudiera hablar de cada pieza en la antología. Hay una historia detrás de cada una y todas son especiales para mí. Así que antes de decir algo más, quiero dar las gracias a todos los colaboradores por ser parte del proyecto, por confiar en mí con su trabajo, y por la fe que mostraron en la idea de puentes.

Debido a que el espacio es limitado, voy a mencionar solo una de las piezas que es muy potente: la pieza de Raquel (Kaki) Mendieta, “Silueta,” acerca de su prima, Ana Mendieta, quien fue la primera artista cubano-americana en regresar a Cuba, donde creó obras en tierra, en arena, y en las cuevas de la Isla, obras que finalmente desaparecen sin dejar rastro, una metáfora de su propia salida de la Isla. Kaki escribió con conciencia y sin pelos en la lengua sobre la distancia que había crecido entre ellas y el amor que buscaban encontrar durante su reencuentro en Cuba. Kaki se dirigió a su artista-prima de esta manera, “Viniste con tu arte, y te estuvimos esperando en el lobby del hotel.” En conclusión se refirió a la trágica muerte de Ana en 1985, al desplomarse desde un apartamento en el piso 34 de un edificio de Nueva York, comparándola con las siluetas que Ana había hecho, utilizando su propio cuerpo trazado en la tierra, con fuego, y con flores flotando en un río. La silueta definitiva de Ana, como Kaki dijo, quedó “estampada, para siempre imborrable, en una calle de Nueva York.”

Kaki fue una de las personas en Cuba a quien yo había tendido mi puente y fue muy conmovedor incluir su pieza en Bridges to Cuba / Puentes a Cuba. Nunca pensé que se iría de Cuba, pero en 1994 vino a la conferencia que organicé en la Universidad de Michigan para lanzar la antología y se quedó después que se le venció la visa, decidiendo quedarse del otro lado. Ella parecía deseosa de reinventarse a sí misma en Estados Unidos. Pero, lamentablemente no lo logró, y terminó su vida en 1999. Relato esta historia con más detalle en una antología posterior, The Portable Island: Cubans at Home in the World (La isla portable: Los cubanos haciendo hogar en el mundo), coeditada con Lucía Suárez. Esa es la antología en la que tú, Richard, escribiste una hermosa pieza titulada “Wherever That May Be” (“Donde quiera que sea”), sobre la búsqueda del hogar. También hubo varios contribuyentes de Bridges to Cuba / Puentes a Cuba que escribieron una continuación a sus piezas en The Portable Island. Pero la historia de Kaki era, para mí, el aspecto triste del puente—la historia del puente que fracasó, el puente que se derrumbó en el mar. Quiero honrar aquí su memoria mientras hablamos de los aspectos más esperanzadores de los puentes.

En respuesta a tu otra pregunta: Sí, efectivamente sí forjé muchas amistades que me cambiaron la vida como resultado de mi trabajo editorial en la antología. Hablar de todas estas amistades llevaría páginas y páginas, probablemente un libro entero. Me limitaré a mencionar mi larga amistad con el artista Rolando Estévez, a quien conocí hace veinte años. De inmediato él y yo nos sentimos como espejos el uno del otro. A la edad de quince años, lo habían dejado en Cuba tras la partida de sus padres y su hermana menor para establecerse en Miami. Y a mí me habían sacado de Cuba siendo una niña, demasiado pequeña para tomar mi propia decisión acerca de donde yo pertenecía. Nuestro sentido compartido de ruptura creó un fuerte vínculo, al igual que nuestro amor por la literatura y el arte. A través de sus impresionantes libros hechos a mano, Estévez me presentó a los clásicos de la literatura cubana y, en particular, su amor por la poesía me ayudó a encontrar mi camino de regreso a una forma que yo había adorado de joven y que había abandonado al convertirme en antropóloga. Su habilidad para construir tan hermosas simetrías entre la palabra y la imagen me sigue asombrando. Él creó la obra de arte para la portada de la edición del 20 aniversario de Bridges to Cuba / Puentes a Cuba y también hizo imágenes preciosas para nuestro blog.

Richard: ¿Cómo es que tu trabajo en tanto que antropóloga, etnóloga y escritora interactúa con tu trabajo en esta antología? ¿Cómo logras navegar entre los lineamientos artísticos, académicos y políticos que tienden a desdibujarse para nosotros como cubano-americanos, hijos de exiliados? ¿Cuáles son algunos de esos desafíos, y cómo has logrado superarlos?

Ruth: Concibo Bridges to Cuba / Puentes a Cuba como un proyecto en el que todas mis identidades y todas mis pasiones confluyen. Tradicionalmente, los antropólogos trabajan con otredades exóticas en tierras lejanas o con aquellos considerados menos privilegiados para llevar sus voces a la atención del mundo. En el proyecto de Puentes, yo estaba trabajando con quienes comparten una cultura común a la mía, y yo regresaba al lugar mismo al que había llamado hogar y al que quería volver a llamar hogar. Me estaba involucrando en lo que más tarde llegué a llamar etnografía diaspórica. Mi punto de partida había sido como profesora de antropología, pero ahora hablaba como poeta y como escritora de memorias en la antología, atreviéndome a verme a mí misma como una artista creativa, o una antropoeta. Animé a otros estudiosos a hacer lo mismo, a que escribieran desde un punto de vista personal y poético, y cuestionaran la escritura académica para la cual nos habían entrenado. Es por eso que varios de los estudiosos, entre ellos Nena Torres, Flavio Risech, Ester Shapiro y Alan West, se aventuraron con piezas más personales de las que estaban acostumbrados a escribir.

Pero como tú bien dices, para muchos de nosotros, cubano-americanos hijos de exiliados, las líneas divisorias entre el enfoque artístico, académico y político se borran. Crecimos oyendo el discurso político y preguntándonos quién tendría razón y quién estaría equivocado. Tuvimos que ir en busca de un poco de comprensión de los hechos a través de la lectura de libros de historia y otros estudios. Y tuvimos que encontrar una manera de metamorfosear todo lo que habíamos oído, lo que habíamos leído, y lo que sentíamos ya sea escribiendo poemas, o haciendo arte, o contando historias.

Cine Yara, Vedado, Habana (Ruth Behar)
Cine Yara, Vedado, Habana (Ruth Behar)

El principal reto que experimenté en mi carrera fue tratar de ser fiel a un solo género, lo cual, como antropóloga, significaría que de mi se esperaba que dedicara mi vida entera solamente a escribir etnografía. Pero yo deseaba la libertad de escribir en una variedad de géneros. Busqué superar esa limitación en Bridges to Cuba / Puentes a Cuba mediante la creación de un espacio con una amplia mezcla de poemas, historias, testimonios, obras de teatro, ensayos, conversaciones, reseñas, mambos, opiniones, manifiestos, e incluso incluyendo una oda a los cubanos y a los aeropuertos por el historiador Teófilo Ruiz. El arte también es muy variado e incluye pintura, instalaciones, obra escultórica y piezas que invocan una fuerte estética santera. Yo quería que la antología fuera un gran mosaico de voces y visiones, tan enérgica, tan diversa y tan inconteniblemente creativa como la misma Cuba.

Richard: En el proceso de trabajar en la antología, me imagino que habrás tenido algunas revelaciones intensas, tanto políticas, como personales y culturales. ¿Cómo es que este proyecto cambió tu vida cuando lo realizaste? ¿Y ahora, al volver a mirarlo nuevamente veinte años después?

Ruth: Fue difícil reunir esta antología. El Internet estaba en su infancia, por lo que todavía se usaba el correo regular en Estados Unidos y la comunicación con Cuba era casi imposible. Las llamadas telefónicas eran caras y poco fiables. La recopilación de los textos y el arte provenientes de Cuba fue todo un reto, aunque muchos querían participar, y muchos me dieron la única copia que tenían de un manuscrito o de una diapositiva. En su poema, “Epístola a José Luis Ferrer (De La Habana a Miami”) —“Epistle to José Luis Ferrer (From Havana to Miami)”—, Jorge Luis Arcos, dirigiéndose a un amigo que recientemente había dejado la Isla, escribió: “La diáspora, como la muerte, interrumpe la conversación.” En aquel entonces no había correo electrónico, ni manera rápida y poco costosa de estar en contacto con aquellos que habían cruzado al otro lado. Una de las revelaciones para mí fue cómo el poder de la política nos había dividido como pueblo, convirtiendo el océano en nuestro Muro de Berlín, creando barreras de comunicación entre los que se quedaron y los que se fueron, interrumpiendo, de hecho, todas las conversaciones.

La antología está llena de relatos personales. Estos relatos emanan del corazón y revelan la tristeza y el dolor que provocó la división de la nación cubana. Pero también hay un gran deseo de sanar heridas y de lograr una sanación espiritual. Es algo que puedes palpar en muchas de las piezas: por ejemplo, Rosa Lowinger habla acerca de la conservación arquitectónica en Cuba como una manera de reparar las cosas que están rotas, incluyendo su relación con la Isla. O en el hermoso proyecto de foto / texto de Eduardo Aparicio, “Fragmentos de narraciones cubanas” [Fragments from Cuban Narratives], donde muestra a cubanos de ambos lados tratando de hacer la paz con el lugar donde han venido a parar. Una lección importante para mí fue que a través de la voz personal se podía alcanzar un nivel de comprensión que iba más allá de la polarización política y que desenterraba una verdad más profunda. Me comprometí a escribir en mi voz personal—algo que acababa de empezar a hacer—mediante mi trabajo en la antología.

Ahora, veinte años después, estoy asombrada de que tanta gente talentosa y brillante se haya unido para prestar su voz a un proyecto que era increíblemente utópico en un momento en que muchos sueños utópicos se iban quedando a mitad de camino.

Gran Teatro de La Habana (Ruth Behar)
Gran Teatro de La Habana (Ruth Behar)

Richard: ¿De qué mensaje universal o más amplio se hace eco la antología para lectores fuera de la diáspora cubana o del pueblo cubano de la Isla?

Ruth: Existen muchas diásporas en el mundo entero. Esto quiere decir que muchas personas viven fuera del territorio donde nacieron, pero todavía se aferran a la cultura del lugar donde ya no viven físicamente. Mentalmente y emocionalmente habitan el lugar que abandonaron. No logran desligarse completamente. El deseo de crear puentes hacia la patria es algo que pueden sentir todos los que han sido desarraigados, ya sea por la fuerza o por elección. También sabemos que la gente en diversos países se aferra a la memoria de los que se fueron, como lo hace la gente en Cuba. Bridges to Cuba / Puentes a Cuba expresa esa profunda relación entre el país de origen y su diáspora. La antología es también acerca de los cruces fronterizos y la importancia de tratar de crear lazos de esperanza bajo situaciones tensas de polarización política. Creo que estos temas universales encuentran repercusión en mucha gente, incluso entre lectores que no están tan obsesionados con Cuba como tú y yo.

[Traducido por Eduardo Aparicio]

2 responses to “Richard Blanco entrevista a Ruth Behar sobre la edición del 20 aniversario de Bridges to Cuba/Puentes a Cuba”

  1. Gabriela Castillo says:

    Diaspora child. Thanks for this. I guess i can finally walk this ramified bridge to identity.

  2. I am SO HAPPY to learn about the new edition of Bridges to Cuba! Congratulations, Ruth, and THANK YOU! I will be recommending it to anyone who wants to learn more about Cuba through literature…

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